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15 años sin «Chacho Blanco», una leyenda de la radiofonía goyana

Hoy se cumplen 15 años del fallecimiento de Ángel Saturnino Blanco, conocido afectuosamente como «Chacho Blanco», una figura emblemática en la historia de la radiofonia de Goya. Dueño de un legado que continúa vivo en el recuerdo de aquellos que tuvieron el privilegio de escuchar su voz en LT6 Radio Goya.

Más allá de su faceta como locutor, «Chacho», conocido, también, con el seudónimo «Adan Balmoro», fue un polifacético comunicador que abarcó múltiples campos. Fue un destacado maestro en la Escuela Normal de Goya, compartiendo su sabiduría y pasión por la educación con varias generaciones de estudiantes. También, se destacó como escritor y poeta, dejando una huella imborrable en la literatura local. En 1979, Chacho Blanco publicó su poemario «Agosto y María», una obra que refleja su sensibilidad y profundidad artística. Este trabajo literario es un testimonio de su capacidad para capturar la esencia de la vida y la belleza del mundo que lo rodeaba.

Su fallecimiento en 2009, debido a un paro cardíaco, dejó un vacío irreparable en el corazón de la comunidad. Sin embargo, su memoria permanece viva gracias a su talento excepcional para conectar con la gente a través de la palabra. Su carisma y presencia en la radio eran capaces de trascender las ondas y llegar directamente al corazón de los oyentes.

 

Adan Balmoro será recordado por su contribución invaluable a la cultura y la radiofonia de Goya. Todavía reverbera su voz en la memoria histórica de los goyanos que lo escuchaban presentando clásicos del éter como: «LATITUD 29» o «LA RADIO CON TODOS». Su legado continúa inspirando a todo el ámbito periodístico, lo que demuestra que su espíritu y talento ha trascendido todos los tiempos. Sos eterno, por eso te decimos, hasta siempre querido Chacho!

Hoy elegimos honrar su historia con algunos versos de su autoria, escrito en su libro «AGOSTO Y MARÍA»

QUIZÁ PORQUE ERA AGOSTO…

Quizá porque era agosto con su melancolía…

Tal vez porque un mañana se hacía primavera

y me traía entonces en toda sus promesas

la alegría infinita del mundo de septiembre.

Quizá porque era agosto y yo te presentía.

Tal vez te había anhelado desde tantos veranos.

Quizá te había soñado en tantas otras formas

pensando que no eras y que nunca vendrías.

Y tan sólo un acento me dejó el ansia abierta,

un ansia atardecida por tantas horas muertas.

Y llegaste de pronto para morder los sueños

en la cálida esquina del alma y de la espera.

Porque mi fe te trajo, te hizo mujer y beso,

y floreciste en noches bebiendo madrugadas.

Y te mojó la luna llevándote hasta el norte

a sentir en tu entraña, de Capricornio, el Trópico.

Porque sé que has venido a beber de mi boca.

Porque te siento mía, en un reloj de sangre.

Porque todos los sueños te llamaron de siempre.

Quizá porque era agosto…

¡Y te llamabas María!

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