El Día de la Escarapela figura en nuestro calendario, con la premisa de fortalecer nuestra identidad como Nación a través de los símbolos patrios. Conocer su historia y significado.
El origen de la escarapela tiene vital importancia en la historia argentina porque fue el primero de los símbolos patrios en nacer y, además, marcó el camino: tras su aprobación, Belgrano diseñó una bandera con los mismos colores; ésa que izó por primera vez a orillas del río Paraná, en Rosario, el 27 de febrero de 1812.
El escudo y el himno, los otros dos símbolos de nuestro país, aparecieron un año después. El Escudo de la República Argentina fue aceptado oficialmente el 12 de marzo de 1813; mientras que el himno fue aprobado como «Marcha Patriótica» el 11 de mayo, también de 1813.
Este símbolo patrio va más allá del orgullo que puede dar a cualquier ciudadano lucirla, uniendo a los argentinos latido a latido con aquellos soldados de Belgrano y con todos los que dejaron jirones de vida por defenderla; sus formas materializan, además, un momento clave en el que sólo se podía pensar en la independencia a hurtadillas.
Para estas fechas, donde los sentimientos patrios se retroalimentan, la escarapela vuelve a lucirse por todas partes. Cuando el Sol del 25 de mayo comienza a asomarse, afloran los sentimientos patrios en los argentinos y la Escarapela remite a ese compromiso con la historia.
No es solamente cumplir con un ritual impuesto, ni siquiera obligatorio. Porque nadie puede vestirse de patriota. La Patria se siente y eso implica un compromiso y una responsabilidad cotidiana.
Es por ello que la Patria debería ser siempre una celebración diaria, y que aquél pedacito de cielo, prendido en nuestro pecho hoy y siempre lo llevemos con orgullo y responsabilidad.
