En un contexto de sociedades cada vez más urbanizadas, Corrientes es una de las provincias con mayor cantidad de estudiantes en este tipo de instituciones en zonas rurales. Los chicos alternan periodos viviendo en el establecimiento y en sus hogares.
«Que empiece a trabajar en la chacra; si no, nos vamos todos a la ciudad para que siga estudiando o que se vaya a vivir con algún pariente para estudiar». Así era para la mayoría de los niños, niñas y adolescentes, y sus familias el destino tras terminar la educación primaria en las zonas rurales algunas décadas atrás, pues en el campo eran prácticamente inexistentes las escuelas secundarias.
En ese contexto, las Escuelas de Familia Agrícola (EFA) se constituyeron en una modalidad para contener las carencias en la oferta de educación rural. Surgieron en Francia en la década del 30 y hacia finales de 1960 se crearon los primeros establecimientos de esta modalidad en Santa Fe. En Corrientes, caracterizada por una gran cantidad de poblados rurales dispersos, se fundó en 1987 la primera EFA, la «Ñande Roga», en Colonia San Antonio, departamento de San Miguel.
Posteriormente se fueron fundando otras escuelas con esta modalidad en diversos puntos de la provincia.
Actualmente funcionan 19 EFA, con una matrícula de más de 2.000 estudiantes.
Con el paso de los años, se abrieron escuelas secundarias comunes en muchos parajes; no obstante, las EFA siguieron y siguen cumpliendo un rol clave en la formación rural.
«Las EFA cumplen un rol muy importante en el aspecto
formativo y
contribuyen además con el fortalecimiento
de las familias y la comunidad rural»ALEJANDRA MONCADA
DIRECTORA DE EDUCACIÓN
PRIVADA DE CORRIENTES
«Si las EFA no estuvieran, una gran cantidad de la población rural habría emigrado, no habría hecho la escuela o no habría conseguido trabajo», comentó la profesora Inés González, referente de EFA del Taragüí, la federación que nuclea a las escuelas de familia agrícola de Corrientes. La docente, que formó parte de la EFA «Ñande Roga» y fue rectora de la EFA Santa Lucía, recordó que en los inicios de esta modalidad fueron numerosos los problemas atravesados, pero siempre tuvieron la convicción de que «se trataba de la mejor opción para atender la educación secundaria en ámbitos rurales».
La modalidad
En las EFA se alterna un periodo de dos semanas con estudiantes viviendo en la escuela y luego un periodo similar en sus casas, tiempo en que cada estudiante lleva a cabo un proyecto productivo junto a su familia, bajo la supervisión de docentes que hacen visitas a los hogares.
Cuando los cursos de 1°, 2° y 3° año están en la escuela, los del tramo superior están en sus hogares, y viceversa.
Los fines de semana, los alumnos que están en el periodo de clases igualmente pueden ir a sus casas. En general, en las EFA el día empieza muy temprano, cerca de las 6.30, con el desayuno y algunas tareas de limpieza y organización; luego empiezan las clases de la mañana. Al mediodía se almuerza, se tiene un momento de recreación y posteriormente se realizan actividades didácticas-productivas.

A la tarde está la merienda, luego actividades de aseo personal y limpieza, y al entrar la noche vuelven a clases, tras lo cual se organiza la cena y después se tiene un momento de recreación grupal antes de irse a dormir a los pabellones. En las EFA se cuentan con granjas, huertas, salas de elaboración de productos, laboratorios y demás espacios que hacen a la fuerte formación práctica en producción agropecuaria.
En la modalidad de alternancia la convivencia es clave. Por eso el internado es obligatorio, incluso para estudiantes que viven a poca distancia de la escuela. Las EFA son consideradas escuelas privadas, porque son entidades sin fines de lucro conducidas por un Consejo de Administración, que está integrado por tutores. Quienes asisten no pagan cuotas; tan solo las familias hacen un aporte mensual, aunque no se obliga a quien no tiene. Para el sostenimiento económico se realizan rifas, venta de comidas, festivales y torneos, entre otras actividades.
Los sueldos docentes son abonados por el Estado provincial, aunque la mayoría de las escuelas no tiene el total de plantel docente designado y es común que entre tutores y docentes colaboren para pagarles a quienes dictan materias sin designación. El equipo docente se conforma por quienes solo asisten a dictar sus horas de clase y los que tienen dedicación exclusiva, quienes también hacen el seguimiento personal de los alumnos, las actividades productivas, las visitas a las casas y algunos días cumplen el cargo de permanencia, por el que en esa jornada deben encargarse de todo: controlar horarios, limpieza, cocina, pabellones y demás.
Aporte
La primera EFA de Corrientes fue la Ñande Roga, que está cumpliendo 35 años y que marca además los 35 años de la modalidad de alternancia en la provincia. «Fue mucho el aporte de las EFA en estos años, no solo por cubrir la carencia de educación secundaria rural sino también por consolidar una propuesta de gran nivel académico y que contribuye con el fortalecimiento de la familia rural y la integración comunitaria», sostuvo el profesor Marcelo Guzmán, rector de la EFA «Ñande Roga», quien considera que el esfuerzo realizado se exhibe en la numerosa matrícula de las EFA, que fue creciendo con el paso de los años.
Compromiso
«Si bien la conducción de las EFA está a cargo de los tutores, en la práctica el funcionamiento es un logro compartido entre tutores, docentes y estudiantes», destacó Violeta Brunas, del equipo de tutores de la EFA «Ñande Sy La Itatí», del paraje Malvinas, localidad de Esquina. «En una escuela de familia agraria somos todos coeducadores, y el rol de los tutores es tan importante como el de los docentes, a los que se suma el compromiso que cada estudiante asume con su educación y con la institución», dijo.
Agregó que las escuelas de alternancia se van aggiornando a los nuevos tiempos, pero sostienen la filosofía de «preparar para la vida». «Una EFA es una mesa de tres patas (tutores, docentes y estudiantes) en la que no importan los cargos, sino los roles, mediante un trabajo coordinado», planteó Alicia Canteros, del equipo docente de la EFA «Tupá Rembiapó», ubicada en El Ingenio, de Santa Ana.
Comentó que existen estudiantes que nunca salieron de sus parajes y con 11 o 12 años entran al internado, y es por eso la atención y cuidado que garantiza una EFA. Similar compromiso se tiene con estudiantes de más edad, próximos a graduarse, a quienes se trata de orientar de cara al mundo laboral o estudios superiores.

Calidad
El profesor Claudio Trosch, rector de la EFA «Mocoví», de Mocoretá, remarcó que la mayoría de las familias eligen a las EFA por el proyecto educativo y no solo por la cercanía o los albergues. «Las EFA estuvimos donde el Estado no llegaba. Con el paso de los años se abrieron escuelas secundarias en zonas rurales alejadas, pero las EFA siguen concentrando el interés con matrículas muy elevadas» expresó el rector de esta escuela, que tiene 85 estudiantes, en el paraje Mota, sobre la ruta nacional N° 14.
«Es tan bueno el nivel de las EFA que la mayoría no tiene vacantes» sostuvo Laura Vorraso, docente de la EFA «Colonia Unión», ubicada a 20 kilómetros de Virasoro y Colonia Liebig. Ellos tienen la segunda matrícula más numerosa entre las EFA, con 220 estudiantes, y cada año cuentan con una demanda de casi 200 aspirantes, aunque solo reciben 45, por lo que se prioriza a quienes vienen de zonas rurales distantes, como lo hacen la mayoría de las EFA.
Formación
«A las EFA no se viene solo por el albergue, eso lo tienen claro las familias y cada estudiante. Quienes optan por esta modalidad saben del compromiso que implica», señaló el profesor Roberto Rivarola, rector de la EFA «Renacer», del paraje Pago Alegre, del departamento de Saladas.
El docente expuso que el estudiante de una EFA sabe que su formación es en beneficio propio, pero también de su familia y la comunidad, porque lo que se busca es valorizar la tarea rural como eje de desarrollo personal y territorial.
En la misma línea, el profesor Sebastián Fernández, rector de la EFA «Guayquiraró», resaltó que «cada estudiante aprende en el aspecto curricular, pero principalmente se forma en valores como el esfuerzo, el respeto y el compromiso». «Nunca tuvimos una pelea física en nuestra institución», señaló al hacer referencia a la conducta de la comunidad educativa, que está basada en la autodisciplina.
Esta EFA se ubica en Rincón del Guayquiraró, al sur de Esquina, a 2 kilómetros del río Paraná, que separa Corrientes de Santa Fe, y a 5 kilómetros del río Guayquiraró, que la separa de Entre Ríos. «Acá se ve el éxito de las EFA de llegar a lo más profundo del territorio», señaló.
Tasa de abandono
La tasa de abandono escolar de las EFA de Corrientes es similar al promedio nacional para escuelas secundarias. Los mayores casos de abandono se registran en los últimos años de cursado -por cuestiones de trabajo principalmente-, ya sea de los jóvenes que empiezan a trabajar o porque sus familias se van a vivir a otros lugares por ofertas laborales.
Pero por la dificultad de adaptarse a la modalidad de alternancia -con internado y gran carga de actividades- son pocos los casos de abandono.
En cuanto al «día después» de pasar por una EFA, progresivamente va creciendo la cantidad de quienes continúan sus estudios en nivel superior o de quienes tras graduarse continúan desarrollando de forma personal los proyectos productivos que empezaron a realizar cuando eran estudiantes.
Desafíos
Los desafíos que observan quienes dirigen las escuelas EFA de Corrientes son coincidentes: poder acceder a programas, planes, becas y distintos beneficios del Estado nacional o provincial, que no reciben al ser consideradas escuelas de gestión privada. También la cobertura de cargos docentes, debido a que la mayoría de las EFA no tiene la totalidad de horas cátedras con designación.
Se considera necesaria una ley que contemple la modalidad de alternancia, pues esta implica funciones y responsabilidades distintas a las del rol docente tradicional. Mejorar los caminos es un planteo recurrente, por las largas distancias que recorren docentes, tutores y estudiantes -en auto, caballo o a pie- y que se agudiza en días de lluvias.
Urge una mayor oferta de educación superior para quienes se gradúan de las EFA, así como apoyo para lograr que, al terminar la escuela, puedan sostener los emprendimientos productivos que inician en su etapa estudiantil.
«Creemos que con más acompañamiento podemos seguir fortaleciendo el objetivo de evitar que los jóvenes emigren de la zona rural y de potenciar así el campo como lugar y forma de vida» dijo para finalizar el profesor Guzmán, de la EFA «Ñande Roga».
