Los artistas más populares volvieron a brillar, pero también lograron conmover otros menos reconocidos. La situación sanitaria y las ausencias marcaron el evento este año.
Con la actuación de Soledad Pastorutti como número principal, cerró anoche la Fiesta Nacional del Chamamé 2022, en lo que significó la vuelta del evento tras la suspensión el año pasado por la pandemia. Los protocolos en el ingreso y las ausencias fueron la marca distintiva de un evento que, sobre el escenario, no mostró mayores sorpresas, salvo algunas presentaciones que terminaron dando mucho más de lo que se esperaba.
Anoche actuó también uno de los máximos referentes del chamamé y uno de los artistas más queridos por el público: Simón de Jesús Palacios. Fue otra noche de masiva afluencia de público, como se dio en casi todas las lunas pero profundizándose en las últimas tres, quedando al filo e incluso superando el aforo estipulado previamente por las cuestiones sanitarias.
Bancos casi completamente cubiertos, pasillos ocupados íntegramente y los costados minados de silletas fueron la escena que prevaleció desde el viernes sobre todo, incluso con largas filas para acceder al anfiteatro en los tres ingresos habilitados.
De esta manera, y tras varias idas y vueltas y dudas hasta último momento, la Fiesta grande del Cocomarola finalmente se llevó a cabo, luego de que se analizara incluso la posibilidad de realizarlo de manera virtual hasta pocos días antes del inicio, debido a la gran cantidad de casos de coronavirus que se detectaron en esta tercera ola de contagios que viven la provincia y el país.
En este contexto, el personal de Salud y de Seguridad realizó una ardua labor durante las 10 noches de fiesta, tanto en los ingresos como adentro del predio.
El primer paso para acceder al Cocomarola era brindar el número de documento para que, a través de un sistema informático, detectaran si la persona debía encontrarse realizando aislamiento o no.
Otra persona, solo unos pasos más adelante, pedía el pase sanitario, que podía ser exhibido de manera digital a través de la aplicación Cuidar o bien la libreta de vacunación de papel. En varias oportunidades, el protocolo sirvió para detectar que algunas personas no podían ingresar ya que no cumplían con este requisito o bien estaban contagiadas de covid, de acuerdo a la base de datos provincial.
Luego de solicitar la entrada, otra persona se encargaba de sanitizar con alcohol las manos de cada uno de los que ingresaban al Cocomarola. En los días de mayor afluencia de público, todo este operativo generó algunas demoras y se formaron filas.
Escenario
Pero, más allá de las cuestiones organizativas y de los requisitos como el pase sanitario, el escenario Osvaldo Sosa Cordero vivió un evento casi habitual. Sobresalieron y fueron ovacionados los más reconocidos, con shows que no decepcionaron y en algunos casos hasta fueron de lo mejor que hicieron en los últimos años, como fue el caso de Santiago Bocha Sheridan.
Algunos, como también es habitual, lograron sorprender, como fue el homenaje realizado por la Fundación Memoria del Chamamé a los 50 años del evento Canción Nueva Correntina, un concurso del que salieron varios de los temas más clásicos que siguen vigentes como Pueblero de allá ité o Corrientes soñadora.
Nahuel Pennisi, Luiz Carlos Borges, Los de Imaguaré y Los Alonsitos fueron otros de los números fuertes que no defraudaron, hicieron levantar al anfiteatro y también bailar a la mayoría, desde los más experimentados hasta los que se animaban corajudamente a improvisar algunos pasos en la tarima del costado del escenario o solo al lado del lugar donde estaban sentados.
Ausencias
Las ausencias marcaron también fuertemente esta edición de la Fiesta. Algunos no pudieron estar por encontrarse aislados o con coronavirus, como fue el caso de Jairo y de Elena Roger, que debía cantar junto al Chango Spasiuk. Teresa Parodi tampoco pudo estar, ya que suspendió todas sus actuaciones hasta febrero debido a una dificultad coronaria de la cual ya se está recuperando, pero que la obligó a someterse a una operación.
Desde enero de 2020, la edición anterior de la Fiesta, fueron varios también los que fallecieron. En distintos momentos hubo espacio para recordarlos y destacar su legado. El más mencionado desde el inicio mismo del evento fue sin dudas Julián Zini.
La bendición para comenzar la Fiesta estuvo históricamente a cargo de él, y la actuación de su grupo Neike chamigo fue casi íntegramente un homenaje al cura chamamecero. También lo recordaron de manera especial el Bocha Sheridan y muchos otros que subieron al escenario a lo largo de las 10 noches.
Así cerró la edición 31ª de la Fiesta Nacional del Chamamé, con un trasfondo de pandemia pero también de celebración, siendo de alguna manera el estreno formal del reconocimiento entregado por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
