La disponibilidad de carne vacuna en Argentina volvió a retroceder y este año se ubica, entre consumo interno y exportaciones, en torno a los 62 kilos anuales por habitante, un nivel muy inferior al registrado en décadas pasadas.
La caída del stock ganadero y la menor faena explican gran parte de esta reducción, que limita la oferta de carne y condiciona tanto al mercado interno como a la dinámica exportadora. Actualmente hay alrededor de 51 millones de bovinos para una población cercana a los 49 millones de habitantes, lo que implica una relación de apenas 1,1 cabeza por persona.
Medio siglo atrás, esa proporción superaba las dos cabezas por habitante, lo que reflejaba una mayor disponibilidad de carne y un peso más relevante del sector en el comercio internacional.
Los registros históricos muestran un descenso sostenido en la disponibilidad. En 1924, la producción de carne vacuna en el país alcanzaba los 190 kilos por habitante, volumen que permitía un consumo interno de 94 kilos per cápita —uno de los más altos del mundo— y exportaciones por 924 mil toneladas. En ese contexto, Argentina concentraba cerca del 50% del comercio mundial del sector y se ubicaba como el principal exportador.
Décadas después, en 1978, la producción continuaba en niveles elevados, con 116 kilos por habitante y un stock de 60 millones de cabezas para una población de 25 millones de personas. Sin embargo, la relación comenzó a deteriorarse con el paso de los años. En 2005 todavía se producían 83 kilos anuales por habitante. De haberse mantenido ese nivel, la producción actual alcanzaría cerca de cuatro millones de toneladas, aproximadamente un millón más que lo previsto para este año.
Tras varios períodos de liquidación ganadera, la disponibilidad total de carne per cápita —considerando exportaciones y consumo interno— se ubica hoy en apenas 62 kilos anuales. Las proyecciones indican que en los próximos años será difícil que esa cifra crezca por encima del aumento poblacional.
La menor oferta también se refleja en la faena. Según los envíos registrados durante el primer bimestre, el sacrificio proyectado para este año podría ubicarse por debajo de las 13 millones de cabezas, unos 600 mil animales menos que el año pasado.
En términos de carne en gancho, la oferta, que en los primeros meses del año cayó un 9% interanual, se reduciría en alrededor de 200 mil toneladas.
Aunque la participación de hembras sigue siendo elevada —47,8% en febrero— la caída de la oferta en términos absolutos abre la posibilidad de que la fase de liquidación ganadera iniciada en 2022 esté llegando a su fin.
La faena registrada entre enero y febrero se ubica además en el nivel más bajo de los últimos diez años. En 2016, cuando el stock ganadero creció por última vez en un millón de cabezas, la matanza se redujo a 11,7 millones de animales y la producción cayó a 2,65 millones de toneladas.
Al 31 de diciembre de 2025, el stock bovino se habría ubicado apenas por encima de los 51 millones de cabezas, el nivel más bajo en quince años. Las estimaciones indican una leve caída en el número de vacas y una disminución considerable en las existencias de vaquillonas.
En el caso de los terneros, el número registrado a fines del año pasado sería inferior al de 2023 y 2024, cuando se esperaba una recuperación del destete nacional.
A pesar de que la demanda global y los precios internacionales continúan en alza durante los primeros meses del año, la oferta local de carne vacuna se redujo de tal manera que compromete las proyecciones que apuntaban a exportaciones cercanas al millón de toneladas. La demanda está, pero la disponibilidad de novillos y vacas para faena es cada vez más limitada.
