HOMILÍA DEL OBISPO
Durante su homilía, monseñor Canecin recordó que, por la providencia de Dios, conoció al padre Norberto hace muchos años, incluso antes de su ordenación sacerdotal, durante un encuentro nacional de Pastoral Vocacional realizado en San Antonio de Arredondo, Córdoba.
El obispo invitó a realizar una «memoria agradecida» por el llamado que Dios hizo al padre Norberto y por su respuesta generosa, comparándola con el «sí» de María.
Recordó una expresión del padre Julián Zini: «Qué linda es la gente que tiene memoria, seguro que tiene esperanza también», destacando el valor de hacer memoria de la propia historia y de la acción de Dios.
Monseñor Canecin señaló que el aniversario sacerdotal podía ser vivido desde la pregunta del salmista: «¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?».
Explicó que esta pregunta puede ser pronunciada por cada persona al contemplar su propia vida, su historia y su vocación, reconociendo que todo lo recibido es «puro don y pura misericordia».
«Todo lo que somos y tenemos es, en definitiva, un don de Dios. Quien reconoce cuánto ha recibido de Dios, también aprende a compartir y a caminar junto a los demás», afirmó.
Al reflexionar sobre la solemnidad de la Asunción, el obispo destacó la obra de Dios en María, quien se presenta humildemente como «la servidora del Señor» y deja todo en sus manos.
«Si Dios es el artesano, si Dios es el alfarero», expresó, también el padre Norberto y cada cristiano pueden reconocer la obra que Dios ha realizado en sus vidas.
Monseñor Canecin invocó «María, ayúdanos con tu intercesión a dejar a Dios ser Dios, para que ese gran proyecto pueda cumplirse en nosotros», pidió.
Animo a pedir «la gracia de tener un corazón agradecido, capaz de reconocer la presencia de Dios en nuestra historia y de responderle con amor».
PADRE DAMELIO
El padre Norberto José Damelio tiene 72 años.
Es hijo de Norberto José Damelio y de Nélida Vicenta Pereyra.
Fue bautizado en la parroquia Nuestra Señora de la Providencia de la Capital Federal el 12 de junio de 1954 y recibió el sacramento de la Confirmación el 15 de noviembre de 1964, en la misma parroquia.
Su formación en orden al sacerdocio la realizó en el Colegio Eclesiástico «Doce Apóstoles», de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Fue ordenado diácono en camino al sacerdocio el 24 de agosto de 1985, en la parroquia Nuestra Señora de Luján de Florencio Varela, en la diócesis de Quilmes, por imposición de manos de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, obispo auxiliar de Viedma.
En 1986 desempeñó su ministerio diaconal en la parroquia Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá, acompañando a los presbíteros Francisco Bousson y Teófilo Castillo.
El 15 de agosto de 1986 fue ordenado presbítero por imposición de manos de monseñor Luis Stöckler, en la parroquia Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá. El lema que identifica su ministerio sacerdotal es «Haz de mí un instrumento de tu paz».
Celebró su primera misa en la parroquia Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá el 17 de agosto de 1986, y posteriormente celebró otra misa en la parroquia Divina Providencia de Capital Federal el 24 de agosto de 1986.
El 11 de mayo de 1987 fue nombrado administrador parroquial de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá.
El 4 de marzo de 1990 asumió como cura párroco de la parroquia San José Obrero de Goya.
El 31 de mayo de 1997 asumió como párroco de Nuestra Señora del Rosario de Monte Caseros, donde también se desempeñó como capellán de la Escuela Privada «Presbítero Juan Perelló».
En agosto de 2001, monseñor Luis Stöckler lo nombró miembro del Colegio de Consultores.
El 30 de abril de 2006 tomó posesión como párroco de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá. Asimismo, se desempeñó como capellán en el Comando de la Primera División del Ejército Argentino, correspondiente a la guarnición militar de Curuzú Cuatiá.
La celebración de los 40 años de sacerdocio se convirtió así en una oportunidad para que la comunidad diocesana diera gracias a Dios por el ministerio del padre Norberto Damelio y por sus cuatro décadas de servicio pastoral, renovando la oración para que continúe entregando su vida como «instrumento de paz» al servicio del pueblo de Dios.-
