La Iglesia de Goya agradeció los 130 años de presencia y misión de las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas, en una celebración presidida por el obispo diocesano en la Catedral Nuestra Señora del Rosario. Monseñor Adolfo Canecín vinculó el legado espiritual de Santa Teresa de Jesús con la misión educativa y evangelizadora de la congregación.
En la festividad de Santa Teresa de Jesús, el obispo de Goya, monseñor Adolfo Ramón Canecín, presidió la misa de acción de gracias por los 130 años de presencia y misión de las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas en esta diócesis.
La comunidad religiosa está a cargo del Instituto Santa Teresa de Jesús, que brinda educación en los niveles primario y secundario de la ciudad.
Concelebraron la Eucaristía los sacerdotes Ariel Giménez, Boris Escobar Sejas, Daniel Alarcón Sotelo y Miguel Ángel Galeano.
Participó también la hermana Teresa Rosas Naranjo, animadora provincial de la congregación, quien llegó a Goya para compartir este acontecimiento significativo para la familia palautiana y toda la Iglesia diocesana.
Monseñor Canecín destacó “Toda la Iglesia diocesana expresa su gratitud hacia este carisma teresiano, hacia Francisco Palau, hacia Santa Teresa y hacia todas las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas, que fueron las primeras hermanas que llegaron a América; el primer lugar fue Goya”, expresó.
El prelado tomó como punto de partida la oración colecta de la memoria litúrgica de Santa Teresa de Jesús. A partir de esta plegaria, propuso tres palabras que consideró fundamentales para la vida cristiana y, especialmente, para la misión de las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas: mostrar, alimentar y arder.
“Estas tres palabras nos vienen bien a todos los cristianos en general, pero creo que definen la tarea de las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas, sobre todo en la misión de educar evangelizando y evangelizar educando”, afirmó.
MOSTRAR
Explicó que la tarea educativa no consiste solamente en transmitir conocimientos académicos, sino también en señalar el camino de la perfección y ayudar a descubrir el proyecto de Dios para cada persona.
El obispo invitó a “ reconocer que cada ser humano es amado, pensado y elegido por Dios desde la eternidad, y que en cada persona existe un don único para contribuir al bien común, al crecimiento de la sociedad y a la misión evangelizadora de la Iglesia”.
“Qué lindo es poder reconocer eso tan auténtico, genuino, que está dentro de cada uno. El gran riesgo es pasar por este mundo y no haber descubierto ese tesoro que Dios puso como algo inédito en cada ser humano”, reflexionó.
ALIMENTAR
Monseñor Canecín evocó el reconocimiento de Santa Teresa de Jesús como doctora de la Iglesia por el papa san Pablo VI, en 1970, y animó a profundizar en sus escritos y en su testimonio para encontrar nuevas riquezas espirituales que ayuden a avanzar hacia la santidad.
ARDE
“Que toda tarea formativa haga arder el corazón de los alumnos”, exhortó, al tiempo que invitó a los educadores a “favorecer una formación integral que no se limite al conocimiento, sino que suscite el deseo de la verdadera santidad”.
“Que nos queden estas tres palabras: mostrar, alimentar, arder”, concluyó
HERMANA PROVINCIAL
Al finalizar la celebración eucarística, la hermana Teresa Rosas Naranjo, animadora provincial de las Carmelitas Misioneras Teresianas, dirigió unas palabras de acción de gracias.
“Hace 130 años, seis mujeres, seis religiosas, la mayor tenía 27 años, dijeron sí al Señor y sí a la congregación cuando pidieron voluntarias para venir a América”, relató.
Destacó la fe y la valentía de aquellas primeras misioneras que llegaron a la tierra goyana para responder a una necesidad concreta de la Iglesia: acompañar a los jóvenes a través de la educación.
La religiosa expresó su gratitud por aquellas hermanas y por tantas otras que, a lo largo de estos años, entregaron su vida a la misión en Goya, junto con los laicos que compartieron y sostuvieron el carisma carmelitano.+
En su mensaje, invitó a continuar siendo portadores de esta espiritualidad, que llama a vivir la comunión y a reconocer la belleza de la Iglesia en cada persona. Recordó, en particular, la enseñanza del beato Francisco Palau, para quien la Iglesia se descubre en el otro, en quien está al lado y en quien necesita ser reconocido, acompañado y amado.
“Cada uno de nosotros tenemos que reconocer la belleza del otro, porque es imagen y semejanza de Dios”, expresó, al convocar a mantener “un corazón grande, ojos y manos abiertas” para escuchar las necesidades de la Iglesia y ofrecer respuestas concretas, según las posibilidades de cada uno.
Finalmente, la hermana Teresa animó a la familia palautiana a llevar el carisma allí donde se encuentre, renovando el compromiso de comunión, servicio y misión que caracteriza a las Carmelitas Misioneras Teresianas.
La celebración de estos 130 años constituyó así una ocasión para agradecer la entrega de tantas religiosas y laicos, renovar la misión educativa y evangelizadora y reafirmar, a la luz de Santa Teresa de Jesús y del beato Francisco Palau, el llamado de toda la comunidad cristiana a mostrar el camino de la fe, alimentar la vida espiritual y mantener encendido el deseo de santidad.+
