Sacerdotes de la diócesis de Goya participaron la semana pasada de la Semana de Formación Permanente del Clero Diocesano, que se desarrolló en la casa de ejercicios espirituales San Liborio, en la localidad correntina de Solari. Las jornadas fueron acompañadas por el obispo diocesano, monseñor Adolfo Ramón Canecín, y contaron con la iluminación de la hermana licenciada Mariana Gonzalez, de las Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús, integrante del equipo regional para Latinoamérica de la Espiritualidad Sinodal.
En un clima de oración, fraternidad y escucha, las mañanas estuvieron dedicadas a la formación espiritual en la sinodalidad y a momentos personales de reflexión.
Por las tardes, la enseñanza se retomaba desde una dimensión comunitaria, favoreciendo el encuentro, la reflexión compartida y el discernimiento como expresión concreta del caminar juntos.
Entre los temas propuestos para la reflexión se abordaron la Espiritualidad Sinodal, la kenosis del pastor, las nuevas espiritualidades y la invitación a “beber del mismo pozo”, recuperando la riqueza espiritual y pastoral del primer obispo de la diócesis de Goya, monseñor Alberto Devoto.
También ocupó un lugar especial la conversación en el Espíritu, como un modo de escucharse mutuamente y descubrir juntos lo que el Espíritu Santo suscita en la Iglesia.
Asimismo, los sacerdotes profundizaron en las pistas para la fase de implementación del camino sinodal y en la celebración de la Eucaristía como fuente y culmen de una Iglesia llamada a vivir la comunión, la participación y la misión.
Al concluir las jornadas, monseñor Canecín destacó la profundidad que supone buscar y hacer la voluntad de Dios, e invitó a los sacerdotes a vivir y animar a vivir la sinodalidad en cada uno de los departamentos y comunidades de la diócesis, entendida como un modo de ser propio de la Iglesia de Cristo.
La Semana de Formación Permanente culminó con un encuentro entre los sacerdotes, quienes también comenzaron a preparar la Misión de la Reconciliación, que tendrá lugar los días 1 y 2 de septiembre en el departamento de Curuzú Cuatiá.
Finalmente, la celebración de la Eucaristía, presidida por el obispo y concelebrada por los sacerdotes, fue acción de gracias por los días compartidos y, al mismo tiempo, un renovado envío para regresar a los departamentos y parroquias.
La formación permanente se reafirmó, así como un tiempo privilegiado de encuentro, oración, reflexión y fraternidad sacerdotal, para renovar la entrega al servicio del Pueblo de Dios y fortalecer los vínculos de comunión en un presbiterio que busca caminar unido en la misión.+
