El padre Mendoza explicó que: «El encuentro con Jesús produce eso, nos permite ver y también suscita un encuentro personal con uno mismo, que muchas veces no tenemos».
Animó a los fieles a dejarse tocar por el Señor, quien «viene a disipar toda tiniebla, toda ceguera y toda oscuridad en nuestra vida», especialmente en medio de las dificultades cotidianas que pueden alejarnos de Dios y hacer más pesada la carga.
Recordó las palabras del Evangelio: «Vengan a mí los que están afligidos y agobiados, que yo los aliviaré», e invitó a redescubrir la cercanía de Dios en la oración sincera.
Señaló que la Cuaresma es un tiempo propicio para la conversión y la reconciliación, destacando el valor del sacramento de la penitencia, al que definió como «sacramento de la sanación», para preparar el corazón y evitar caer en una vivencia meramente exterior de la fe.
El padre Mendoza exhortó a vivir este tiempo con mayor profundidad espiritual: «Nos preparamos con la oración, el ayuno –no solo de cosas materiales–, haciendo más silencio y menos ruido. El fruto de todo esto es la caridad, que se refleja en el amor y en las obras de misericordia».-
Al comenzar la quinta semana de Cuaresma, el padre Mendoza animó a los fieles a continuar este camino de conversión, silencio y escucha, en preparación a la Semana Santa, «la semana mayor de los cristianos».
